Todavía más oscuro




En el contexto del programa de estudios Organismo de TBA21, varixs artistas de Dorothy Michaels trabajamos con sus integrantes en el contexto del Museo de Altamira, sirviéndonos del ecotono como concepto fundamental para comprender conflictos institucionales ligados a la existencia de la Neocueva y los volúmenes performativos que ofrece a lxs visitantes del enclave.

La actividad, a la que precedieron meses de estudio y prácticas compartidas, fue diseñada por Oxel Urra Sánchez, laura fernández antolín, Manuel Prados, Sofía Kouloukouri, Elena Rocabert,Valentin Bansac, Jorge Van den Eynde y (las integrantes de Dorothy Michaels) Cuqui Jerez, María Jerez, Óscar Bueno y Javi Cruz.

Consistió en un paseo acompañado por un pieza sonora de 40 min. y algunos gestos en el paisaje que construimos desde una cueva cercana, de unos 300 metros de completa oscuridad, a la que tuvimos acceso y donde pasamos algunas mañanas proponiendo ejercicios, explorando sonoridades y, sencillamente, pasando tiempo juntxs.

Para escuchar la pieza, escríbeme.





Fotos: Manuel Prados.


Comenzamos en un camino que rodea el museo por la parte alta. Hay un huerto, unas fresas, una valla con vacas al otro lado. Esto dura unos 10 min, hasta que cambiamos a un camino que rodea la pradera que es el dorso de la cueva. No la pisamos, ni siquiera sabemos tal vez que ahí abajo está la cueva. 
8 min. después pasamos por un arco vegetal y nos internamos en el bosque. Cuando se oye que María canta una nana para tranquilizar a Cuqui estamos en un bosquecillo de avellanos que está fuera del camino. Llevamos 20 min.
Tras la nana, bajamos por el camino de las dolinas (grandes huecos en el suelo llenos de árboles y helechos) escuchando algo que hemos llamado fiu fiu.
Hacia el minuto 35, Óscar está cantando una de Tove Lo y entramos en el edificio de exposiciones temporales. Alguien nos da cojines y mantas y nos tumbamos a oscuras en una sala. Pasaremos allí los próximos 15 o 20 min. 
La canción nos saca, hay quien sale bailando de allí y bajamos hasta la entrada de la cueva original por un vallecito. No nos paramos mucho, escuchamos la txalaparta y seguimos caminando hasta el dorso de la cueva. 
Allí, justo sobre el techo de polícromos vemos unos vasos y unas jarras. Hacemos un corro y alguien nos sirve agua. Brindamos y bebemos el agua. 
Está atardeciendo y el grupo se desordena y desplaza hacia donde atardece.
Cuento lo de sideral y siderurgia. Hay unas vistas preciosas de montañas y aldeas, del cielo con algunas nubes. Allí termina.