Licra es un ejercicio comisarial desarrollado junto a Lorenzo García-Andrade en la Sala de Arte Joven de la CAM, que se centra en la periferia de los procesos de producción de piezas o experiencias que abastecen zonas del circuito artístico madrileño. Esa atención centrífuga permite observar y convocar al contorno de la obra y rara vez a la obra en sí. Tiende hacia aquello que construye las vidas de las personas-artistas, hasta que finaliza el proceso de creación de una pieza o que se activa en los momentos posteriores, y también hacia lo que circunda las prácticas más visibles para el arte. Tiene una clara fijación con lo oblicuo, con las causas y los placeres, y huye de las conclusiones, del hecho cerrado, del trato hecho y del objeto hechizado.
El proyecto ocurre en cinco espacios ubicados en la Sala y a través de un programa de actividades que incluye conferencias, encuentros, talleres, catas, sesiones de escucha y de baile, excursiones, visitas y paseos. Los espacios y el programa acogen residuos, referencias y elementos funcionales, abren acontecimientos y experiencias, y animan cruces de objetos capaces de transmitir información, de expresar y de dar representación a lo que rodea y a lo que se puede considerar una obra de arte. Toman protagonismo en esta indagación las personas, no como sujetos productores de objetos y sí como fuerzas que convocan unas vidas llenas de cosas que cargar, citas que cumplir, mails por contestar, trenes que coger, deseos que se cumplen del todo, a medias o para nada, y que toman o no toman una forma artística. Es ese composite lo que se articula aquí.


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En este espacio, doméstico y luminoso, transitan y se retienen relaciones entre el trabajo y el deseo. En ese plegado se encuentran una fuente y una pintura mural de Julio Linares, quien lleva tres años reformando su casa en Toledo: su intervención en Licra es una de las posibles variantes de esa casa. Cerca de la fuente hay un jardín contado y dibujado en papeles, surgido de una correspondencia entre Julio y Javier Pérez Iglesias; este jardín, que el público puede llevarse y recomponer, se desplegará sobre dos performances tituladas Ramos contados. Estos ramos se encuentran en un florero fabricado por Marta van Tartwijk, quien también ha modelado y cocido a baja temperatura una vajilla entera, que se podrá utilizar en las actividades y residencias. Hay otros elementos funcionales, como algunos taburetes recuperados del desaparecido Garaje Galaxia, un espacio auto-organizado que sirvió de lugar de trabajo durante el día y de posibilidad por las noches, construidos con madera sobrante por Carlos Granados, y las cortinas confeccionadas por Hilando con Las Bambulas, que también visten el resto de ventanales de la Sala y que integran elementos textiles aportados por participantes en Licra. Javier Montoro ha construido unos bancos junto a Carlos Fernández Pello, quien le ha transmitido unas técnicas y materiales personales para hacerlo, saberes extraños, contingentes, que acaban siendo funcionales. Nadabien ha intervenido la Sala volcando sobre el pilar los flashbooks que ha hecho desde el 2019, donde ahora vemos todos los tatuajes que ha diseñado desde entonces. En un estante encontramos la colección completa de los Pliegos de Teatro y Danza, que recogen textos y elementos que han formado parte u orbitado en obras escénicas durante las dos últimas décadas, así como un conjunto de narraciones de Javier Chozas, que nos llevan por espacios, situaciones, referencias e ideas que saltan del papel hacia la ciudad y los cuerpos, y un texto de Vito Gil-Delgado que especula con la futura programación de una asignatura optativa para 3º ESO: la asignatura del fuego. Estas publicaciones también funcionan cuando el público se las lleva. En las paredes encontramos una pintura de Luciana Rago, un bambú que metaforiza el proceso de aprendizaje de las técnicas tradicionales chinas, y una pieza de Laura Millán, de su proyecto miniencuadro, quien transforma un cajón tipográfico en la autopsia de un edificio cualquiera.

Textos de Vito Gil-Delgado e Imprenta San Delfín

Vajilla de Marta Van Tartwijk y pintura de Luciana Rago








Banco de Javier Montoro & Carlos Fdez. Pello
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Al fondo, una puerta nos conduce a un espacio de almacén. Un almacén de almacenes o el almacén de la exposición. En él encontramos mobiliario a ser utilizado en las actividades junto a recuerdos de la ciudad, lugares que cerraron, fetiches, cabalgatas de reyes y otros relatos, materiales de obras escénicas a la espera de salir, otras que acaban de volver, y espacio disponible. Son aportes de María Jerez, Ana Martínez, Garaje Hermético y Paco Graco, Garaje Galaxia, Cuqui Jerez, Maral Kekejian et. al. . Junto al almacén, en el baño, encontramos un hilo musical producido por Orquesta (Óscar Bueno & Anto Rodríguez), compuesto con retales y descartes de sus canciones.



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El Movimiento San Isidro abre un espacio de trabajo durante el tiempo que dura la exposición, desde el que dan visibilidad a la dimensión estética y las motivaciones que mueven el artivismo que desarrollan en Cuba. Este espacio funciona como un nodo de información, documentación y actualización, a la vez que hace de consulado del movimiento en Madrid.





IG @movimientosanisidro
WEB
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Lo que se despliega en el piso superior podría formar parte de un club nocturno o ser el trozo oscuro de una noche. En la oscuridad de este tercer espacio aparecen cosas que duran menos de lo que se desea (el hilo de presente que suena en la radio, los murales de la M30, algunas coreografías), expos que duran lo que iban a durar (aunque permanecen) o jornadas de taller que duran más de lo previsto y que acaban prolongadas en materiales escultóricos que no existirían sin ser ahí: en las horas extra gastadas en un sótano. Un club iluminado por Ferdi Bene y habitado por Radio Relativa, Fuentesal y Arenillas, XFlash, Kike García y Robuche. Este colectivo también hará uso de la sala adyacente, un espacio de trabajo dentro del espacio de exposición. En él Adriana Reyes y weecolors desarrollarán procesos ligados a la escena y al dibujo, desbordes que implican dietas con plantas y encuentros con textos y volúmenes hasta ahora inexistentes. En ese espacio, el Seminario Euraca va dejando informes de sus encuentros.




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En paralelo, se desarrolla un programa de actividades que visita además una cocina, un bar vacío, otro lleno, una piscina ahí al lado y un barrio al sur, para visitar unos vinos naranjas, la terapia Gestalt, gente mayor y pequeña, bailes y textualidades, galletas, pantallas y trabajos editoriales que nacen al tiempo que Licra. Un programa que cuenta con Carlos Monleón, Elena Córdoba con Carlos Gárate, Laura Bañuelos, Jorge Anguita Mirón, Las Swimmers, Beatriz Alonso, Costa Badía, Juf, Seminario Euraca, Culpa, Lejos Lejos y Real No Real.
A consultar aquí


